Según la psicología quienes crecieron durante las décadas de 1960 y 1970, sin teléfonos inteligentes, redes sociales y otros estímulos enfrentan la vida adulta con mayor resiliencia, creatividad y capacidad de adaptación. ¿Por qué la ciencia llega a esa conclusión? De antemano una advertencia: la respuesta no es optimista para quienes están creciendo ahora. No es que no vayan a desarrollar esas virtudes, pero será mucho más complejo.

Los niños, ahora mayores, iban solos al colegio, resolvían sus propias disputas en el patio y solo oían "volvé antes de la cena". Ese tipo de infancia prácticamente ha desaparecido, sustituida por un mundo donde los padres pueden rastrear la ubicación de sus hijos hasta la entrada de casa. Un exhaustivo metaanálisis publicado en Development and Psychopathology ha aportado datos concretos que confirman lo que muchos sospechaban: cuando los padres controlan demasiado a sus hijos, su salud mental puede verse afectada.

El estudio dirigido por Qi Zhang de la Universidad de Wisconsin-Madison y Wongeun Ji de la Universidad Global de Handong, analizó 52 artículos de investigación independientes con decenas de miles de participantes. Los investigadores hallaron vínculos pequeños, pero estadísticamente significativos, entre la sobreprotección parental y la depresión, la ansiedad y otros síntomas internalizantes. La edad promedio de los participantes era de aproximadamente 20 años, lo que significa que los hallazgos reflejan en gran medida la salud mental de adolescentes y adultos jóvenes.

Características

La sobreprotección parental describe un conjunto específico de comportamientos, no solo una crianza atenta. Una revisión sistemática independiente de 2022, publicada en Frontiers in Psychology, examinó 38 estudios sobre la crianza sobreprotectora y llegó a una conclusión similar, con una importante salvedad.

Stine L. Vigdal y sus colegas de la Universidad de Ciencias Aplicadas del Oeste de Noruega descubrieron que la mayoría de los estudios sí reportaban una relación entre la crianza sobreprotectora y la ansiedad o la depresión. Sin embargo, casi toda la investigación era transversal, es decir, capturaba un único momento en el tiempo. Un niño ansioso puede provocar un comportamiento más protector por parte de los padres, y ese mayor control puede intensificar la ansiedad, creando un círculo vicioso.

El metaanálisis concluyó que la sobreprotección parental representa un factor de riesgo modificable para la ansiedad y la depresión, lo que significa que es una variable que padres y profesionales pueden ajustar. Los efectos fueron modestos, por lo que es improbable que cambiar el comportamiento parental por sí solo transforme la salud mental de un niño. Sin embargo, en combinación con otros factores, reducir las conductas sobreprotectoras y controladoras podría mejorar la situación.

Los investigadores de salud pública que estudian la movilidad independiente han observado que la evidencia es contradictoria y difícil de comparar entre estudios. No se trata de una cuestión científica resuelta. Sin embargo, la dirección de los hallazgos es difícil de ignorar. La resiliencia no surge de una sola conversación ni de un eslogan inspirador. Se acumula en pequeños momentos, de esos que requieren que un niño soporte la incomodidad el tiempo suficiente para darse cuenta de que puede manejarla.

Lo que hay que desarrollar

El mecanismo subyacente a todo esto es la autorregulación, la capacidad de gestionar las propias emociones y el comportamiento sin intervención externa. Es lo que permite a un adolescente calmarse tras una discusión acalorada en un chat grupal o mantener la serenidad cuando los planes se desmoronan. No es una cualidad innata, sino que se desarrolla mediante la práctica repetida, a menudo caótica.

Marc Brackett, director del Centro de Inteligencia Emocional de Yale , ha descrito la regulación emocional como “un conjunto de habilidades intencionales aprendidas para gestionar las emociones con sabiduría”. Los niños aprenden estas habilidades al enfrentarse a la frustración y superarla. Cuando un adulto interviene antes de que la frustración se manifieste por completo, la oportunidad de aprendizaje se pierde.

El marco teórico de la autodeterminación, ampliamente citado en la revisión de 2022, identifica tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y relación. La sobreprotección parental puede menoscabar directamente las dos primeras al transmitir al niño la idea de que no puede tomar sus propias decisiones ni resolver sus propios problemas. Con el tiempo, este mensaje se puede internalizar.